sábado, 19 de enero de 2008

¿Por qué no sirven las medidas neoliberales para achicar una crisis?


¿Por qué no sirven las medidas neoliberales para achicar una crisis?



Hasta hace treinta años parecían la fórmula más eficaz y rápida de enfrentarse a una crisis estatal y, a ese nivel, puede que aún lo sea. Los denominados “paquetes de medidas” se centraban en una bajada del precio del dinero, una devaluación de la moneda para facilitar la exportación, reducción de impuestos, reducción del gasto público, subvenciones, flexibilidad laboral y congelación de salarios. La devaluación monetaria implicaba una subida de precios de los productos de importación a la que, por simpatía, seguían los productos nacionales, pero facilitaba la venta al exterior de estos. Estas medidas incidían favorablemente en las empresas, pero a costa de los trabajadores que perdían muchos empleos y veían mermados sus niveles adquisitivos, en algunos casos, hasta el endeudamiento.


Los paquetes de medidas debían encontrar un rápido cambio en la tendencia económica de lo contrario consumía totalmente los llamados recursos pasivos de ese Estado. Un periodo muy largo de aplicación de esos “paquetes de medidas” generaban un empobrecimiento de la población que podían llegar a la ruptura social, por eso se debían rectificar lo antes posible, sin embargo, estas rectificaciones, por parte de gobiernos de esa tendencia, no siempre eran completas. Así, aunque el país no quedara en la pobreza, implicaba la imposibilidad de volver a aplicar esos paquetes de medidas porque ya se había consumido, totalmente el recurso social.


Ya hemos dicho que las medidas funcionan provisionalmente para salvar una crisis estatal, pero que sucede si la crisis es mundial, como lo fue la crisis del petróleo de los años 70. El primer país que aplique esas medidas tendrá una ventaja temporal, pero los siguientes perderán esa posibilidad porque el recurso exterior desaparecerá y, sin embargo, las contraindicaciones del paquete causarán el mismo daño. Ya en aquella época se vio que los estados y empresas que no se comportaron al modo que se consideraba entonces como razonable, son las que mejor paradas salieron. Estados Unidos, a pesar de ser la madre del neoliberalismo, salió fortalecida de la subida del petróleo por dos factores, el hacho de que la mayoría de empresas petrolíferas eran norteamericanas y su poderoso estado se cuidó de mantenerle una situación ventajosa en el planeta; de otro lado fue la dolarización del mercado petrolífero y de las economías de los estados del sur en América que genero una ventaja económica para EE.UU. impresionante. Si el dólar subía o si bajaba siempre implicaba unos ingresos adicionales para el gigante americano frente al creciente empobrecimiento de los estados dolarizados. EE.UU. solventó la crisis con su nuevo colonialismo económico. Por su parte Japón, que se vio muy afectado por la crisis, tuvo un valiente ejemplo de resistencia en Toyota. Mientras sus rivales despedían a empleados de años y años (algo difícilmente asimilable por una cultura japonesa que tiene en la empresa su centro neurálgico), Toyota mantuvo los empleos y siguió su trabajo aunque el producto no se vendiera. Toyota se endeudó hasta casi la quiebra, pero cuando el vendaval pasó, las ventas se dispararon, sólo esta empresa contaba con los productos y los empleados especializados para las nuevas demandas. Su paciencia, durante casi cuatro años, le supuso más de una década de dominio en el mercado automovilístico japonés y un lugar excepcional en el mercado mundial. Ha llovido mucho desde entonces, pero aún hoy tener un Toyota es tener algo más que un coche normal.


En los últimos treinta años se han alternado crisis mundiales y momentos de desarrollo y, poco a poco, se ha ido demostrando que los métodos tradicionales o neoliberales, funcionan cada vez peor y los innovadores y los keynesianos han demostrado su mayor efectividad (aunque más lentos por lo general). El ejemplo más importante es, sin duda, el tristemente famoso “hundimiento de los tigres asiáticos”. El FMI y el Banco Mundial, anticiparon el problema cuando apenas despuntaba, pero se equivocaron en las medidas a tomar. Forzaron a los países afectados a “paquetes de medidas” donde, en último término, era la inversión extranjera suponía la tabla de salvación de esas economías. Sólo China se negó a aceptar esas medidas y, por tanto, la ayuda del BM. Por su parte, Indonesia, rectifico cuando el peligro real empezaba a verse, ambos evitaron lo peor, mientras el primero superó la crisis poniéndose en cabeza de la economía mundial, el segundo evitó el gran desastre que tuvieron que sufrir otros estados.


La gran base de esa tragedia estaba en el hecho de que entre las inversiones extrajeras hay dos tipos (como el colesterol). Las inversiones estructurales que fomentan empresas y se quedan en el país para ver como florecen y crean beneficios. Inversiones valerosas, arriesgadas y que no necesariamente obtienen un gran beneficio… quién va a ser tan tonto de invertir así. Existe otra forma de inversión, la del dinero cobarde, en la forma de préstamos a corto plazo y altos intereses que cuando las cosas no pintan bien dejan de ofrecerse y dejan un enorme vacío en el país en que se ofrecen. Normalmente los estados con economías sólidas cierran la puesta a estos préstamos que terminan por descapitalizar al país, pero son los que las teorías antiproteccionistas y neoliberales aconsejan… y así lo hicieron, por mediación del FMI, en Asía, Rusia, Argentina… los resultados, por diferentes razones, ya los conocen.


Hoy nos encontramos enfrentados a otra crisis mundial donde el petróleo y la subida de los precios de las materias primas y cereales, han sido la base (por el enorme aumento de las compras del gigante chino) y el fallo de las hipotecas estadounidense el desencadenante. En el fondo del tarro guardamos las guerras de Irak, la mala actitud económica de Bush, los esfuerzos de los especuladores en España para que la burbuja inmobiliaria no explote y el agotamiento de muchos pozos petrolíferos. Nuestro país, en los últimos años, ha desarrollado su economía, contra pronóstico, gracias a la afluencia de una enorme inmigración que, por desgracia, ha estado trabajando, a menudo, de forma ilegal. Los empresarios de los sectores de la construcción e inmobiliario han sido los grandes beneficiado, pero ahora que les toca arrimar el hombro se retiran. Primero intentaron invertir en el sector energético, pero la crisis del petróleo les obliga a extender sus tentáculos más allá. Su lógica solución seria las inversiones en el sector tecnológico, pero son empresarios acostumbrados al dinero fácil y este sector implica mucha inversión en investigaciones que no siempre se recuperan, además, prefieren una mayoría de empleados no cualificados donde es más fácil hacer trampa y no descartan llevar sus factorías a países del tercer mundo. Entre tanto, la crisis de la construcción (antes dejar de construir que vender a precios justos), puede dejar una enorme cantidad de emigrantes sin empleo ni modo de subsistencia y para los que el regreso a su país no es una opción. Así, hoy, el castillo de naipes se sostiene sobre un hilo, se ha de ser imaginativo… pero si aplicamos un paquete de medidas… el hilo se romperá.


Mi propuesta para enfrentar la crisis inminente (en algunos países ya ha dado comienzo). Es romper ese hilo, pero habiendo empezado a construir un edificio bien fundamentado a su lado. Si se revienta sin compasión la burbuja inmobiliaria también se atrapará el capital de los especuladores que han estado jugando con algo que es un derecho constitucional y que, por tanto, no ha producido ningún beneficio al país. Sin embargo, si dejamos que la burbuja se mantenga hinchada y sólo soltando gas de tanto en tanto para compensar las fluctuaciones, pero permitiendo que los especuladores rescaten poco a poco su dinero, nos quedaremos sin nada. El desplome de los precios de los pisos romperá con muchas constructoras e inmobiliarias, pero dado que el precio será bajo, volverá de nuevo a crecer poco a poco, aunque sin llegar a los índices actuales, generando oportunidades de negocio más saneadas que las actuales. Por su parte, el control actual, por parte de los especuladores, facilita que las constructoras pequeñas, verdadera base del negocio, agonicen para un mejor control del negocio de las grandes, que pueden invertir cuando y donde les viene en gana. Así mismo, la actual estructura del negocio facilita las corruptelas a todos los niveles, lo que genera un mayor gravamen para el ciudadano de a pie.


Hoy por hoy, la economía española está centrada en el ladrillo que ha superado al estable sector del turismo, ya va siendo hora de que las tendencias inversoras empiecen a ser un poco más originales… igual que nuestras fuentes energéticas.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Memorias históricas, transiciones y una de patatas bravas.


Dicen que "el pueblo que olvida su pasado está sentenciado a repetirlo", así que un mal drama se cierne sobre las españas. Nuestra democracia de hoy se sustenta sobre la constitución del olvido, la del punto y seguido, la que calla y otorga. Todo lo ocurrido antes de aquel 6 de diciembre de 1978 jamás a ocurrido, todos los abusos de poder y los pecados del mismo han sido borrados del alma de España tras rezar tres padresnuestros y un avemaría. Así que Sadam nunca nos ayudó cuando la crisis de la OPEP en los 70, nunca estuvo aquí hablando con Franco, el príncipe Juan Carlos, como tampoco nos enviaron carne para paliar la hambruna los hermanos argentinos, ni se perdió una bomba nuclear en palomares, ni a los herederos de Franco les ha regalado nadie nada...
Cuando nuestros amigos fachas del PP se empeñan en que no tengamos "Memoria histórica" pretenden que olvide como a mi vecina del sexto, con dieciséis años, fue apaleada por la policía, que olvide el miedo que se vivía en casa, la prohibición de hablar mal de Franco por miedo a que las paredes escucharan. Olvidar como un policía se plantaba en la puerta de tu casa a decir obscenidades que jamás habías escuchado, olvidar como tus padres se mataban a trabajar para vivir en la miseria para ver que esos que ahora te quieren hacer olvidar ya vivían vidas regaladas, olvidar quién es Carmen Martínez Bordíu y, seguramente, aceptar su palabra cuando afirma que nadie le ha regalado nada.
Tanto olvido ya me está produciendo dolor de estómago, pero no recuerdo muy bien por qué me duele. No se si me daña más que esos fachas protejan lo que ilegítimamente han usurpado, o el empeño de los que aprobaron la ley de memoria histórica a medias, sin devolver el honor a las víctimas de un régimen terrorista, sin llamar a las cosas por su nombre... sin recordar verdaderamente que esta tierra fue habitada un día por hombres de verdad.
Me hablan del terrorismo de ETA y me cuentan milongas, pero ETA sólo vierte sangre, posiblemente de inocentes, pero Franco mató mucho más. La dictadura se llevo por delante el espíritu vital de esta patria, la decencia y la honra. La derrota en la guerra mato las libertades, pero la derrota en la dictadura nos mató el alma.
Y hablando de recuerdos y memorias, cuando Juan Carlos I fue coronado, el presidente de la Conferencia Episcopal era Vicente Enrique y Tarancón. Eran tiempos difíciles, pero de ideas claras y sin ambigüedades. Don Enrique era conocido como el obispo rojo (aunque ya era cardenal desde 1969), sobrenombre que le pusieron los reaccionarios de la época.

"(...)en 1971, el 13 de septiembre, Vicente Enrique y Tarancón presidió la autocrítica Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, que concluyó que los pastores de la Iglesia debían ponerse al servicio de la reconciliación de las dos españas y rechazar la diferencia entre vencedores y vencidos de la posguerra, lo que situó al cardenal en el centro de una agria polémica."
ESTE ES UN EXTRACTO DE SU BIOGRAFÍA EN LA WEB QUE EL AYUNTAMIENTO DE BURRIANA LE HA DEDICADO EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (http://www.cardenaltarancon.org/) Es recomendable, para conocer la dimensión personal de este hombre, la Homilia dedicada en la coronación del rey, teniendo en cuenta el momento hitórico que se vivía.

Desde entonces sólo ha pasado el tiempo y las ganas. En aquellos últimos años de franquismo, figuras como Tarancón y otras más anónimas, en el ejército, aunque conocidas como UMD (Unión de Militares para la Democracia), fueron el bálsamo para el cambio. Hay que tener en cuenta que era mucho el aceite que hacía falta, los favorecidos por el sistema, las inercias institucionales, sobre todo en el mismo ejército y las fuerzas de orden público, así como puntales políticos como el presidente Carlos Árias Navarro, eran una fabulosa fuerza de oposición a la democracia. Frente a ellos, comunistas, socialistas y nacionalistas vascos y catalanes podía no tener la paciencia necesaria que el cambio pacífico requería. En aquellos momentos, desde dentro del perverso sistema dictatorial debían aparecer figuras capaces de abrir las puertas necesarias hacia la modernidad, así hoy podemos dar las gracias, por aquel paso, a figuras como Adolfo Suárez, Tarancón, Gutiérrez Mellado, el propio Don Juan Carlos y muchos anónimos individuos conscientes de que aquello no podía seguir así. También es de resaltar las renuncias parciales a sus propósitos, de hombres como Manuel Fraga Iribarne, Tierno Galván, Jordi Pujol, Trias Fargas, Santiago Carrillo, entre otros.
Pero ha llovido mucho desde aquellos esperanzadores días y parece que, lejos de seguir la senda evolutiva tomada por aquellos prohombres, nos hemos plantado en la marginalidad de aquel solitario paso hacia la ambigüedad de una democracia tutelada por la vergonzosa sombra de su pasado. Hoy son más notables los Aznares, Aceves, Raucos y Losantos que los hombres de bien en el camino de un deseable futuro.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Escribidores


Existen dos formas de escribir, la primera es hacerlo sobre lo que se conoce bien y la segunda es inventándolo. Cada uno de estos dos tipos de escritura, en la mayoría de las ocasiones, se mezclan para facilitar el acceso al lector. Sin embargo, cada día más, existe un tipo de obras que no deberían dejarse llevar por esta técnica y lo hacen. Ensayos, textos periodísticos, narraciones sobre historia... se dejan seducir por el lado oscuro de la ficción con una finalidad meramente manipuladora.

Recuerdo que mi profesor de noticiarios nos decía que a la hora de reducir una noticia que surgiera de un teletipo debíamos empezar por suprimir los adjetivos. Se suponía que las noticias que llegaban de agencia eran noticias en estado puro y no tenían adjetivos, así que la pregunta estaba servida... ¿Se puede ser imparcial?


Existen dos formas de escribir... la primera es reconociendo tu parcialidad e intentándola compensar de la mejor manera posible y cuestionándote cada palabra mediante un razonamiento eficaz y la segunda, sucumbiendo plenamente a tus instintos básicos de convencer al mundo de que todo es de ese extraño color de tus gafas. Parecerá rastrero, pero si quieres ser periodista, hoy en día, te va a ser muy difícil encontrar reconocimiento y trabajo siguiendo el primer camino, en cuanto al segundo, procura que tus gafas tengan un color similar al de tu editor. Claro, que siempre queda la posibilidad de inventar el entorno de la noticia y poner unos adjetivos mercenarios al servicio del que paga. En cualquier caso, lo que está claro, es que la primera forma de escribir no te va abrir ninguna puerta.


Existen dos formas de escribir... creyéndote lo que escribes o haciéndolo para que lo crean otros.



Existen dos formas de leer: con los ojos abiertos y con los ojos cerrados.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Fernando Fernán-Gómez... ¡Adiós, maestro!


Conocí su figura en una época en que nacían los cambios en el espíritu de los ciudadanos, aunque el régimen aún no se hubiera enterado. En aquellos tiempos, él, se limitaba a hacer bien su trabajo. De hecho llevaba años haciéndolo. Llegó a las pantallas de nuestro país como una bocanada de aire fresco. Se le veía actuar cuando todos los actores se limitaban a declamar y, a pesar de ello, su recia voz no se perdía en la desidia. Lejos de ello logró que las voces que le rodeaban aprendieran a imitarle. Para cuando yo nací, el cine español ya apuntaba a un futuro mejor, pero el gran maestro siguió con su magisterio y nunca se diluyó, siguió siendo el gran maestro hasta decir... ¡Adiós!


¡Gracias Fernando Fernán-Gómez! ¡Que bueno que viniste! ¡Que lástima que te marchaste!... ¡Adiós, maestro!

lunes, 19 de noviembre de 2007

La ecología y la moda.



¿Será la ecología una moda?


Hoy nos hablan de reciclaje, de la concienciación ecológica, de la sostenibilidad, del cambio climático… pero, ¿están los gobiernos y las empresas poniendo los medios necesarios? Y, lo que es más controvertido, ¿ponen los medios adecuados para que los ciudadanos lleven a término una vida acorde con esos ideales ecológicos?


Recuerdo que en mi niñez, allá por los años setenta del pasado siglo, todo era mucho más aprovechado. Si bien era una necesidad, existían toda una serie de hábitos que permitían ese aprovechamiento. Cuando mirabas dentro del cubo de la basura, no había casi nada de plástico, en ocasiones ni el propio cubo cuyas paredes y fondo, estaban cubiertas por hojas de papel de periódico y el contenido era, mayoritariamente, residuos orgánicos. En aquellos tiempos bajabas el cubo al portal media hora antes de las diez de la noche y el basurero lo vaciaba en su camión y lo volvía a dejar, vacío, donde lo encontró. Posiblemente fuera lento, pero no menos higiénico que hoy y, seguramente, mucho más “sostenible”. En aquellos tiempos sólo había dos tipos de envases: los de vidrio, que el tendero te abonaba al devolverlos, y las latas de metal, que siempre podían ser separadas del resto de la basura con un electroimán.


Los tiempos empezaron a cambiar un día que, en la escalera, apareció una nota de los basureros pidiendo que se dejaran los cubos sin tapa, con lo que aquello representaba con la existencia de animales callejeros (perros, gatos, ratas…). Una semana después, todos aquellos cubos donde se había olvidado la citada tapa, aparecían sin ella. Aproximadamente un año después, otra nota prohibía bajar los cubos y exigía el uso de bolsas de plástico. De nuevo se dieron una semana de plazo antes de tomar represalias. Esta vez sí devolvían los cubos, pero después de haberlos pasado por debajo de las ruedas del camión.


Por aquellos tiempos, los empleados de servicio municipales, pasaban, pocos días antes de Navidad, pidiendo el aguinaldo y entregándote, por él, una particular tarjeta de felicitación. Aquel año fue hermoso ver como se resolvían las discrepancias. Cuando los representantes del gremio de basureros vinieron en pos de su óbolo tradicional, se les recordaron los desperfectos causados y la onerosidad de sus actos indiscriminados, con la mala suerte que, aquellos empleados municipales, aún pretendieron justificar sus actos en una mala actuación de sus interlocutores. Recuerdo la cacofonía de todas las vecinas de la escalera gritando a un tiempo a aquellos poco previsores individuos, que tuvieron que marchar a toda prisa para no volver, nunca más, a repartir sus felicitaciones navideñas.


La llegada de la bolsa de basura y la veloz y poco delicada actuación de los profesionales de la basura, planteó graves problemas higiénicos. Ya, nunca más, estuvo limpio el rincón de la basura durante las noches. Residuos de bolsas rotas por cogerlas mal o por la acción de animales callejeros, convirtieron aquellos lugares en un lugar de suciedad que, por mucho que se limpiara, siempre desprendía malos olores y quedaban sospechosas manchas.


Pero, como además las bolsas de basura costaban dinero y no era algo que sobrara en los hogares de aquella época, hubo otra consecuencia. Supongo que más de algún cerebro pensante creyó hacer su agosto con las bolsas de basura, pero las amas de casa empezaron a ir a los supermercados, que les daban bolsas para llevar la compra y estas eran luego usadas para tirar la basura. La necesidad de esas bolsas modificó los hábitos de compra. También, por aquellas fechas hubo la primera gran subida inmobiliaria, cambiando a su vez las estructuras familiares, forzando a muchas mujeres a incorporarse de nuevo al mundo laboral. Producto de todas estas circunstancias, tomo fuerza la compra de fin de semana en los primeros hipermercados que hacían de esa compra algo rápido y mucho más lúdico pues intervenía toda la familia. Así, las bolsas de plástico adquirieron mayor protagonismo pues ya se obtenían muchas más de las necesarias y, sin darnos cuenta, se almacenaban en gran cantidad, para, de tanto en tanto, tener que tirarlas.


Pero el cambio sólo había acabado de empezar. Los hipermercados y grandes centros comerciales se fueron comiendo a los mercados tradicionales y los embalajes sobredimensionados al papel encerado.


Pero las administraciones no podían tolerar el uso de bolsas que no fueran de pago para la basura así que primero obligaron a hacerles unos agujeritos en el fondo a todas las bolsas del super para, según ellos, que ningún niño se asfixiase… ¿Es qué no se podían ahogar con una bolsa de basura? Finalmente prohibieron directamente el uso de esas bolsas. Por fortuna alguien diseñó, por aquel entonces, los contenedores de basura y demostró que era mucho más rápida su recogida. Allí murió la última guerra de la basura y, años más tarde, empezaron a aparecer los contenedores de reciclaje…


La nueva “era de la concienciación” pasa por el reciclaje, es decir, ubicar un recipiente para la basura general o sucia, otro papel, otro para vidrio, otro para plásticos y metales, otro para aceites usados… Todo esto en un pisito de treinta metros cuadrados a pagar en cincuenta años y sin que nadie te abone un duro por el esfuerzo. Eso sí, ahora en el super te cobrarán cinco céntimos por cada bolsa agujereada que te den para llevar a casa la compra.


No parece que en todo este proceso las administraciones y las empresas hayan realizado ningún esfuerzo, más bien parece que es el sufrido ciudadano el que, una vez y otra vez, ha llevado todo el peso y trabajo sucio de la evolución social y la revolución ecológica. Un largo proceso en el que, muchos ciudadanos anónimos, han ido dejando trozos de sus capitales y de sus vidas para el beneficio de unos pocos capaces de hacer negocio a lo largo de todas estas modas “ecológico-capitalistas”.


En el pasado, las tiendas te devolvían el importe de los envases de vidrio que se pagaban por separado de su contenido y los que no funcionaban así, como las botellas de cava, siempre era posible venderlos en el trapero, como hacíamos con nuestros residuos de papel, cartón, metal… y así recuperábamos una cierta cantidad de dinero. Hoy es amoral no tirar todo eso en sus respectivos contenedores, bajo unas normas susceptibles de endurecerse a la más mínima y sin ningún tipo de compensación por las molestias. En estas vemos como países como EE.UU. paga hasta 25 centavos por cada lata de refresco que se lleva a reciclar. Nosotros somos más modernos, es el ciudadano de a pie el que cede un espacio de su vivienda para separar los residuos y lo lleva los puntos asignados por nada. El reciclaje nos cuesta tiempo, dinero y, lo que es más necesario hoy día, espacio, pero son las empresas dedicadas al reciclaje y que ya obtienen un cierto beneficio por comercializar el producto que extrae de esas materias primas que todos colaboramos a aportarles gratuitamente, las que obtienen el reconocimiento y subvenciones de todas las administraciones. Si todo fuera bien esto no sería tan grave, pero cuando una de estas, o de otras, empresas decide compartir sus toxinas, ya sea de forma accidental o intencionada, no sólo nos toca sufrir el agravio sin compensación alguna, sino que nos tocará pagar la rehabilitación ecológica del suceso con nuestro dinero.


Hoy voces ecológicas, cual espadas democlianas per se, nos amenazan con sus dedos índices, nos alertan de graves peligros causados por nuestra desidia de hormigas y la voz es premiada por los mismos que obran nuestra tragedia. Entre tanto, los economistas liberales, verdaderos responsables del negro futuro de nuestros hijos, se ríen en nuestras caras y se aprovechan de nuestros esfuerzos escupiéndonos sus maléficos residuos.


Y aquí, sufrientes pecadores, les otorgan “Nóbeles” y “Principes de Asturias” a mogollón, a los unos y a los otros, mientras nosotros nos comemos las ganas de tener voz.


¿Para cuándo un premio a la ciudadanía?


¡Qué tonterías digo! ¿Y quién lo pagaría?

viernes, 9 de noviembre de 2007

Una historia de la calle



El otro día se me acercó una joven con un pañuelo a la cabeza, aunque no era musulmana, ofreciéndome “La Farola”. Me pareció muy extraño porque hace varios años que creía esta publicación desaparecida. Como uno es muy curioso decidí dar un vistazo a aquellos ejemplares. Rápidamente me percaté de que todas las portadas eran diferentes y fechadas, en todos los casos, antes del 2001. Intenté hablarle sobre ese punto a la mujer, pero entonces me percaté de que no sabía hablar ni castellano, ni catalán, ni francés, ni inglés… ¿Por qué no me había dado cuenta hasta entonces?


Quiso hacer me creer que había entendió que le quería comprar todos los ejemplares y me pedía, nada menos, que 60€. Y lo peor es que se había enrocado en ese punto y no podía dejar la conversación pues ella me perseguía levantando la voz cada vez más. Sintiendo una cierta culpabilidad y vergüenza por mi curiosidad, accedía comprarle un ejemplar al precio de 1€ tal y como ponía en la portada, pero ella, erre que erre, insistía e insistía en pedirme los 60€, así que opté por retomar mi camino con cierta celeridad, huyendo de allí. En estas la mujer pasó de las voces a los gritos al tiempo que aparecían dos paisanos suyos, con muy malas pintas y un enorme tamaño. Qué suerte la mía que uno de ellos hablara, mal que bien, el castellano. “Hablando se entiende la gente”, por eso, entre el dialogo y las amenazas nada veladas, llegamos al acuerdo de quedarme con los quince ejemplares al módico precio de 10€.


Marché de allí con aquellos periodicuchos ocupando mis dos manos. Al llegar a una plazoleta me senté en un banco y dejé mi adquisición a mi lado, tomando aire hasta que las piernas dejaron de temblarme. Fue entonces cuando, por el rabillo del ojo, vislumbré a la mujer que parecía andar siguiéndome. Cuando giré la cabeza aún pude verla escondiéndose en un callejón. En ese instante se hizo la luz en mi cabeza sobre toda la trama de aquella estafa. Estaba claro que 10€ no significaban nada para tres personas, por eso la mujer esperaba que yo me deshiciera de aquella “basura” para recuperarla y endosársela a otro despistado en las mismas condiciones que a mí. ¿Cuántos tontos picaríamos cada día?


Como parecían no contar con más ejemplares, decidí complicarles su plan. Me acerqué a un buzón de correos y, una a una, las fui doblando e introduciendo por su boca. Algunas personas me miraron con desaprobación, pero nadie me dijo nada. Así que me marché a buscar el pan para cenar.


Sólo tardé diez minutos en volver a pasar por delante del buzón y vi como la policía se llevaba detenida a la dama y a uno de sus dos “maromos”. Calle abajo se oían gritos, mirar vi como otro guardia perseguía al andoba que faltaba. Por lo que pude ver y oír, los tres habían sido pillados “in fraganti” forzando el buzón de correos y rebuscando en su interior con muy poco respeto por la correspondencia allí almacenada y que, en parte, estaba aún escampada por el suelo.


Por esta vez el truco les había fallado. Por lo visto hay quien no sabe cambiar de hábitos y, cuando algo les funciona, desconocen el momento en que lo han de dejar. ¿Volverán a las andadas cuando salgan a la calle? Estoy convencido de que sí.

sábado, 20 de octubre de 2007

Memoria, dignidad, justicia.



¿Qué ocurre cuando no se condena el terrorismo? ¿Qué se supone que se acepta ese terrorismo?, ¿qué aunque uno no esté de acuerdo con la violencia cree que a los terroristas no les faltan razones?


Personalmente no lo sé. Siempre he creído que el uso de la violencia le quita la razón a quien la usa. Sin embargo, sorprendentemente, el señor Mayor Oreja podría aclararnos todas esas dudas ya que, lejos de condenar el régimen terrorista de Franco, se atrevió a decir que la situación durante el franquismo era de "extraordinaria placidez". Eso es algo que a mí me sorprendió mucho porque en mi casa, que estábamos muy alejados de cualquier tipo de política, se vivía un clima de continuo temor y jamás me atrevería a denominar aquella época como placida. Claro que yo, por aquel entonces era un niño con ojos y sentimientos, tal vez eso me diferenciara de tan eminente político. Pero me da en la nariz que no van por ahí los tiros porque aún añadió "si muchas familias lo vivieron con naturalidad y tranquilidad". No me atrevo a imaginar que familias serían esas, me recuerda aquel chiste donde un personaje similar al que nos ocupa le suelta a un españolito de a pie: “con Franco vivíamos mejor… que usted”. Me imagino que diría el eurodiputado don Jaime si un aberzale de esos a los que tanto a perseguido, le dijera que hay muchas familias en el país vasco que viven el terrorismo de ETA con total normalidad, no creo que obrara con el mismo rasero, de hecho nadie en su partido a sido capaz nunca de esa igualdad. Si alguien esperaba que alguno de sus compañeros de partido llamara la atención al político vasco, también se habrá quedado con un palmo narices. Cuando el señor Acebes, lejos de condenar y recriminar tamaña obscenidad, se limitaba a hacer una cómica (todos es cómico en este individuo, salvo sus aviesas intenciones) interpretación de aquellas palabras.


Pero en el discurso de Mayor Oreja aún hubo más, se atrevió a decir que en la dictadura, como en la guerra, también hubo dos bandos. Está claro que en el PP nunca aceptarán, si no se les obliga, que un lado era el de los asesinos, los gusanos vividores, el del dictador, el que mataba y el otro era el yunque patrio, el que recibía todos los golpes, el que daba su sangre, el que trabajaba para sobrevivir mientras le primero le aterrorizaba y le arrebataba hasta el sueño de su cabeza.


¡Ya basta! ¿Para cuando la aplicación de la ley de partidos al PP? ¿Dónde está la diferencia entre Herri Batasuna y los populares? ¿En los jueces?


Que se lo hagan mirar que España se rompe… por la oreja.