lunes, 19 de noviembre de 2007

La ecología y la moda.



¿Será la ecología una moda?


Hoy nos hablan de reciclaje, de la concienciación ecológica, de la sostenibilidad, del cambio climático… pero, ¿están los gobiernos y las empresas poniendo los medios necesarios? Y, lo que es más controvertido, ¿ponen los medios adecuados para que los ciudadanos lleven a término una vida acorde con esos ideales ecológicos?


Recuerdo que en mi niñez, allá por los años setenta del pasado siglo, todo era mucho más aprovechado. Si bien era una necesidad, existían toda una serie de hábitos que permitían ese aprovechamiento. Cuando mirabas dentro del cubo de la basura, no había casi nada de plástico, en ocasiones ni el propio cubo cuyas paredes y fondo, estaban cubiertas por hojas de papel de periódico y el contenido era, mayoritariamente, residuos orgánicos. En aquellos tiempos bajabas el cubo al portal media hora antes de las diez de la noche y el basurero lo vaciaba en su camión y lo volvía a dejar, vacío, donde lo encontró. Posiblemente fuera lento, pero no menos higiénico que hoy y, seguramente, mucho más “sostenible”. En aquellos tiempos sólo había dos tipos de envases: los de vidrio, que el tendero te abonaba al devolverlos, y las latas de metal, que siempre podían ser separadas del resto de la basura con un electroimán.


Los tiempos empezaron a cambiar un día que, en la escalera, apareció una nota de los basureros pidiendo que se dejaran los cubos sin tapa, con lo que aquello representaba con la existencia de animales callejeros (perros, gatos, ratas…). Una semana después, todos aquellos cubos donde se había olvidado la citada tapa, aparecían sin ella. Aproximadamente un año después, otra nota prohibía bajar los cubos y exigía el uso de bolsas de plástico. De nuevo se dieron una semana de plazo antes de tomar represalias. Esta vez sí devolvían los cubos, pero después de haberlos pasado por debajo de las ruedas del camión.


Por aquellos tiempos, los empleados de servicio municipales, pasaban, pocos días antes de Navidad, pidiendo el aguinaldo y entregándote, por él, una particular tarjeta de felicitación. Aquel año fue hermoso ver como se resolvían las discrepancias. Cuando los representantes del gremio de basureros vinieron en pos de su óbolo tradicional, se les recordaron los desperfectos causados y la onerosidad de sus actos indiscriminados, con la mala suerte que, aquellos empleados municipales, aún pretendieron justificar sus actos en una mala actuación de sus interlocutores. Recuerdo la cacofonía de todas las vecinas de la escalera gritando a un tiempo a aquellos poco previsores individuos, que tuvieron que marchar a toda prisa para no volver, nunca más, a repartir sus felicitaciones navideñas.


La llegada de la bolsa de basura y la veloz y poco delicada actuación de los profesionales de la basura, planteó graves problemas higiénicos. Ya, nunca más, estuvo limpio el rincón de la basura durante las noches. Residuos de bolsas rotas por cogerlas mal o por la acción de animales callejeros, convirtieron aquellos lugares en un lugar de suciedad que, por mucho que se limpiara, siempre desprendía malos olores y quedaban sospechosas manchas.


Pero, como además las bolsas de basura costaban dinero y no era algo que sobrara en los hogares de aquella época, hubo otra consecuencia. Supongo que más de algún cerebro pensante creyó hacer su agosto con las bolsas de basura, pero las amas de casa empezaron a ir a los supermercados, que les daban bolsas para llevar la compra y estas eran luego usadas para tirar la basura. La necesidad de esas bolsas modificó los hábitos de compra. También, por aquellas fechas hubo la primera gran subida inmobiliaria, cambiando a su vez las estructuras familiares, forzando a muchas mujeres a incorporarse de nuevo al mundo laboral. Producto de todas estas circunstancias, tomo fuerza la compra de fin de semana en los primeros hipermercados que hacían de esa compra algo rápido y mucho más lúdico pues intervenía toda la familia. Así, las bolsas de plástico adquirieron mayor protagonismo pues ya se obtenían muchas más de las necesarias y, sin darnos cuenta, se almacenaban en gran cantidad, para, de tanto en tanto, tener que tirarlas.


Pero el cambio sólo había acabado de empezar. Los hipermercados y grandes centros comerciales se fueron comiendo a los mercados tradicionales y los embalajes sobredimensionados al papel encerado.


Pero las administraciones no podían tolerar el uso de bolsas que no fueran de pago para la basura así que primero obligaron a hacerles unos agujeritos en el fondo a todas las bolsas del super para, según ellos, que ningún niño se asfixiase… ¿Es qué no se podían ahogar con una bolsa de basura? Finalmente prohibieron directamente el uso de esas bolsas. Por fortuna alguien diseñó, por aquel entonces, los contenedores de basura y demostró que era mucho más rápida su recogida. Allí murió la última guerra de la basura y, años más tarde, empezaron a aparecer los contenedores de reciclaje…


La nueva “era de la concienciación” pasa por el reciclaje, es decir, ubicar un recipiente para la basura general o sucia, otro papel, otro para vidrio, otro para plásticos y metales, otro para aceites usados… Todo esto en un pisito de treinta metros cuadrados a pagar en cincuenta años y sin que nadie te abone un duro por el esfuerzo. Eso sí, ahora en el super te cobrarán cinco céntimos por cada bolsa agujereada que te den para llevar a casa la compra.


No parece que en todo este proceso las administraciones y las empresas hayan realizado ningún esfuerzo, más bien parece que es el sufrido ciudadano el que, una vez y otra vez, ha llevado todo el peso y trabajo sucio de la evolución social y la revolución ecológica. Un largo proceso en el que, muchos ciudadanos anónimos, han ido dejando trozos de sus capitales y de sus vidas para el beneficio de unos pocos capaces de hacer negocio a lo largo de todas estas modas “ecológico-capitalistas”.


En el pasado, las tiendas te devolvían el importe de los envases de vidrio que se pagaban por separado de su contenido y los que no funcionaban así, como las botellas de cava, siempre era posible venderlos en el trapero, como hacíamos con nuestros residuos de papel, cartón, metal… y así recuperábamos una cierta cantidad de dinero. Hoy es amoral no tirar todo eso en sus respectivos contenedores, bajo unas normas susceptibles de endurecerse a la más mínima y sin ningún tipo de compensación por las molestias. En estas vemos como países como EE.UU. paga hasta 25 centavos por cada lata de refresco que se lleva a reciclar. Nosotros somos más modernos, es el ciudadano de a pie el que cede un espacio de su vivienda para separar los residuos y lo lleva los puntos asignados por nada. El reciclaje nos cuesta tiempo, dinero y, lo que es más necesario hoy día, espacio, pero son las empresas dedicadas al reciclaje y que ya obtienen un cierto beneficio por comercializar el producto que extrae de esas materias primas que todos colaboramos a aportarles gratuitamente, las que obtienen el reconocimiento y subvenciones de todas las administraciones. Si todo fuera bien esto no sería tan grave, pero cuando una de estas, o de otras, empresas decide compartir sus toxinas, ya sea de forma accidental o intencionada, no sólo nos toca sufrir el agravio sin compensación alguna, sino que nos tocará pagar la rehabilitación ecológica del suceso con nuestro dinero.


Hoy voces ecológicas, cual espadas democlianas per se, nos amenazan con sus dedos índices, nos alertan de graves peligros causados por nuestra desidia de hormigas y la voz es premiada por los mismos que obran nuestra tragedia. Entre tanto, los economistas liberales, verdaderos responsables del negro futuro de nuestros hijos, se ríen en nuestras caras y se aprovechan de nuestros esfuerzos escupiéndonos sus maléficos residuos.


Y aquí, sufrientes pecadores, les otorgan “Nóbeles” y “Principes de Asturias” a mogollón, a los unos y a los otros, mientras nosotros nos comemos las ganas de tener voz.


¿Para cuándo un premio a la ciudadanía?


¡Qué tonterías digo! ¿Y quién lo pagaría?

viernes, 9 de noviembre de 2007

Una historia de la calle



El otro día se me acercó una joven con un pañuelo a la cabeza, aunque no era musulmana, ofreciéndome “La Farola”. Me pareció muy extraño porque hace varios años que creía esta publicación desaparecida. Como uno es muy curioso decidí dar un vistazo a aquellos ejemplares. Rápidamente me percaté de que todas las portadas eran diferentes y fechadas, en todos los casos, antes del 2001. Intenté hablarle sobre ese punto a la mujer, pero entonces me percaté de que no sabía hablar ni castellano, ni catalán, ni francés, ni inglés… ¿Por qué no me había dado cuenta hasta entonces?


Quiso hacer me creer que había entendió que le quería comprar todos los ejemplares y me pedía, nada menos, que 60€. Y lo peor es que se había enrocado en ese punto y no podía dejar la conversación pues ella me perseguía levantando la voz cada vez más. Sintiendo una cierta culpabilidad y vergüenza por mi curiosidad, accedía comprarle un ejemplar al precio de 1€ tal y como ponía en la portada, pero ella, erre que erre, insistía e insistía en pedirme los 60€, así que opté por retomar mi camino con cierta celeridad, huyendo de allí. En estas la mujer pasó de las voces a los gritos al tiempo que aparecían dos paisanos suyos, con muy malas pintas y un enorme tamaño. Qué suerte la mía que uno de ellos hablara, mal que bien, el castellano. “Hablando se entiende la gente”, por eso, entre el dialogo y las amenazas nada veladas, llegamos al acuerdo de quedarme con los quince ejemplares al módico precio de 10€.


Marché de allí con aquellos periodicuchos ocupando mis dos manos. Al llegar a una plazoleta me senté en un banco y dejé mi adquisición a mi lado, tomando aire hasta que las piernas dejaron de temblarme. Fue entonces cuando, por el rabillo del ojo, vislumbré a la mujer que parecía andar siguiéndome. Cuando giré la cabeza aún pude verla escondiéndose en un callejón. En ese instante se hizo la luz en mi cabeza sobre toda la trama de aquella estafa. Estaba claro que 10€ no significaban nada para tres personas, por eso la mujer esperaba que yo me deshiciera de aquella “basura” para recuperarla y endosársela a otro despistado en las mismas condiciones que a mí. ¿Cuántos tontos picaríamos cada día?


Como parecían no contar con más ejemplares, decidí complicarles su plan. Me acerqué a un buzón de correos y, una a una, las fui doblando e introduciendo por su boca. Algunas personas me miraron con desaprobación, pero nadie me dijo nada. Así que me marché a buscar el pan para cenar.


Sólo tardé diez minutos en volver a pasar por delante del buzón y vi como la policía se llevaba detenida a la dama y a uno de sus dos “maromos”. Calle abajo se oían gritos, mirar vi como otro guardia perseguía al andoba que faltaba. Por lo que pude ver y oír, los tres habían sido pillados “in fraganti” forzando el buzón de correos y rebuscando en su interior con muy poco respeto por la correspondencia allí almacenada y que, en parte, estaba aún escampada por el suelo.


Por esta vez el truco les había fallado. Por lo visto hay quien no sabe cambiar de hábitos y, cuando algo les funciona, desconocen el momento en que lo han de dejar. ¿Volverán a las andadas cuando salgan a la calle? Estoy convencido de que sí.

sábado, 20 de octubre de 2007

Memoria, dignidad, justicia.



¿Qué ocurre cuando no se condena el terrorismo? ¿Qué se supone que se acepta ese terrorismo?, ¿qué aunque uno no esté de acuerdo con la violencia cree que a los terroristas no les faltan razones?


Personalmente no lo sé. Siempre he creído que el uso de la violencia le quita la razón a quien la usa. Sin embargo, sorprendentemente, el señor Mayor Oreja podría aclararnos todas esas dudas ya que, lejos de condenar el régimen terrorista de Franco, se atrevió a decir que la situación durante el franquismo era de "extraordinaria placidez". Eso es algo que a mí me sorprendió mucho porque en mi casa, que estábamos muy alejados de cualquier tipo de política, se vivía un clima de continuo temor y jamás me atrevería a denominar aquella época como placida. Claro que yo, por aquel entonces era un niño con ojos y sentimientos, tal vez eso me diferenciara de tan eminente político. Pero me da en la nariz que no van por ahí los tiros porque aún añadió "si muchas familias lo vivieron con naturalidad y tranquilidad". No me atrevo a imaginar que familias serían esas, me recuerda aquel chiste donde un personaje similar al que nos ocupa le suelta a un españolito de a pie: “con Franco vivíamos mejor… que usted”. Me imagino que diría el eurodiputado don Jaime si un aberzale de esos a los que tanto a perseguido, le dijera que hay muchas familias en el país vasco que viven el terrorismo de ETA con total normalidad, no creo que obrara con el mismo rasero, de hecho nadie en su partido a sido capaz nunca de esa igualdad. Si alguien esperaba que alguno de sus compañeros de partido llamara la atención al político vasco, también se habrá quedado con un palmo narices. Cuando el señor Acebes, lejos de condenar y recriminar tamaña obscenidad, se limitaba a hacer una cómica (todos es cómico en este individuo, salvo sus aviesas intenciones) interpretación de aquellas palabras.


Pero en el discurso de Mayor Oreja aún hubo más, se atrevió a decir que en la dictadura, como en la guerra, también hubo dos bandos. Está claro que en el PP nunca aceptarán, si no se les obliga, que un lado era el de los asesinos, los gusanos vividores, el del dictador, el que mataba y el otro era el yunque patrio, el que recibía todos los golpes, el que daba su sangre, el que trabajaba para sobrevivir mientras le primero le aterrorizaba y le arrebataba hasta el sueño de su cabeza.


¡Ya basta! ¿Para cuando la aplicación de la ley de partidos al PP? ¿Dónde está la diferencia entre Herri Batasuna y los populares? ¿En los jueces?


Que se lo hagan mirar que España se rompe… por la oreja.

sábado, 6 de octubre de 2007

Hamilton 007 con licencia para traicionar.



Los mentideros de la Formula 1, en los últimos meses están dando mucho de sí, pero la última noticia, que espero no se pueda confirmar nunca, porque significaría la desaparición de este increíble… ¿deporte?


Al parecer cuando Eclestone se reunió con Camps (el presidente de la Generalitat de Valencia) para negociar un segundo gran premio en España para la capital su comunidad autónoma, había una contrapartida. Al parecer el jefe de la Formula 1 creía que los pilotos españoles, con tantas carreras en su territorio iban a tener ventaja, por otra parte, la organización y los beneficios que han demostrado las carreras en nuestro país, eran un filón que no se podía dejar sin explotar. Esto no es nuevo, pero lo que sí lo es estaría relacionado con cierto piloto valenciano. Por lo visto Ecclestone podía haber pactado con Camps que hiciera lo posible para que Adrián Vallés no obtuviera la financiación y se pusiera al volante de un F1. En las negociaciones no parecían estar incluidos ni De La Rosa, ni Alonso, ni Gené, pero ahora corre el rumor de que ese tema ya lo tenía atado de antes y le hubiera salido redondo de no ser por los imprevisibles Alonso y Briatore que puede haberle echado un capote al asturiano a pesar de su marcha a McLaren.


Mientras recogía esta información se han sucedido la carrera de Japón, las reclamaciones Webber y Vettel por las irregularidades de Hamilton, la primera desestimación, la aparición del video, la nueva desestimación… y todo ello cuando por mucho menos y sin provocar ningún accidente, como es el caso, se había realizado una advertencia a Alonso. Ecclestone hace muchos años que pretende que un piloto inglés sea campeón del mundo, con Button las cosas no le salieron bien, ahora, con la colaboración de Ron Dennis ha encontrado en Hamilton un candidato perfecto.


Hemos escuchado por boca de varios comisarios de carrera que la acción de Hamilton merecía un castigo ejemplar, sin embargo el inglés ha salido de rositas. Finalmente, tras visible mal comportamiento del McLaren de Alonso muy sospechoso, este piloto ha terminado por hablar y contarnos lo que ya suponíamos. Como será realmente la situación de mobbing que el piloto sufre desde febrero que ha hablado del tema con pilotos con los que apenas lo hacía. Lástima no lo hubiera hecho antes, se hubiera ahorrado este disgusto, pero Alonso siempre fue admirador de Ayrton Senna que corría en esta escudería y mientras otros pilotos tenían su sueño en Ferrari, Fernando soñaba en una escudería que ni siquiera era ganadora hasta contar con él, pero eso es algo que nunca le reconocerán. Curioso que esto sea así cuando la competitividad de este coche se debe al trabajo de Fernando con los ingenieros de McLaren, unos ingenieros que no fueron capaces de hacer competitivo a este coche durante la temporada anterior que no ganó ninguna carrera a pesar de contar con Raikkonen como piloto.


Dennis y Ecclestone saben que este año debe ser campeón Hamilton porque si no ya no lo será nunca. El piloto tiene la cualidad de ser inglés y poner toda la carne en el asador en la pista, pero ahí se acaban sus virtudes, es un vulgar come-pistas capaz de pilotar lo que le echen, pero incapaz de conocer lo que tiene entre manos para adaptarlo a la pista. Hamilton no tiene las aptitudes de Kovalainen, pero este último no ha contado con un piloto como Alonso que hiciera de su coche el mejor del mundial. No contento con esto, en el GP de Hungría denunció a Alonso en Hungría por algo que pudo ser fortuito, pero en cualquier caso el piloto inglés nunca dudó en mostrar su deshonestidad contra el piloto español. Últimamente Ron Dennis, que si Hamilton no tuviera a su papa chupando cámara a todas horas, sería su papá deportivo, no ha dudado en soltar todo tipo de falsedades obvias que comprometan al bicampeón del mundo.


Hay otro tema grave en toda esta historia, el supuesto caso de espionaje de McLaren sobre Ferrari. Todo el caso se sustentaba por unas hojas encontradas en una fotocopiadora, pero en el mes de mayo llegan unos e-mails a los correos de Alonso y De La Rosa. Unos e-mails que, o bien lo recibieron todos los pilotos, Hamilton también, o bien querían implicar a ambos españoles. Si unimos esto a lo de Adrián Vallés hay alguien muy interesado en que no haya pilotos españoles en el mundial. Sin embargo el mobbing a Alonso era tan grande que el piloto español decidió que no se la podía jugar, los e-mails, que a saber de dónde habían salido, junto a la evidencia de la fotocopiadora acababan con McLaren perdiendo todos sus puntos en el mundial, sin embargo Hamilton, que indudablemente se había negado a colaborar con la FIA, es tratado como el propio Alonso. Nuevamente Ecclestone tiene muy claras sus preferencias.


Está claro que Hamilton no merece este mundial, pero si no ocurre algo que a “Il Cappo”, como se conoce a Ecclestone, no le pille por sorpresa, el piloto inglés conseguirá su sueño y el de sus dos compatriotas confabulados.


Está claro que a Alonso no se le ha tratado en función de su categoría, eso es algo que no pasa desapercibido ni al más imbécil, por muchas declaraciones absurdas que pueda realizar Niki Lauda, posible sucesor de Ecclestone al frente de la F1. Pero hay que decir que Fernando Alonso ha hecho muy fácil esta actuación contra él con su mala fama de antipático y algunas actitudes realmente infantiles. Así los ingleses, haciendo piña, le han robado lo que por derecho le pertenece, sin embargo… ¿qué va a pasar ahora?


Si Alonso se queda en McLaren ya no colaborará con la escudería de la misma manera, porque sabe que no le van a permitir ser campeón del mundo. Pero McLaren no puede permitir que se vaya ni a Renault y menos a Ferrari porque los haría campeones del mundo. Tal vez la solución sería que marchara a Toyota u Honda que ya se frotan las manos, pero quién correría con Hamilton, porque ningún piloto con aspiraciones aceptaría tenerlo de compañero, por otro lado el inglés es un peón inútil si no le acompaña un piloto de verdad para que el McLaren funcione. Dicen los mentideros que ya se habla de David Coulthard que tiene una gran experiencia como piloto preparador de coches y, además, no es un gran piloto en pista… y lo que es más importante: es británico.


Quedan dos carreras pero ya podemos dar por hecho que Hamilton es campeón del mundo, que eso es algo que hace muchas carreras que se decidió… de hecho pudo ser antes del mundial, en un despacho de Valencia donde Camps le dio la mano a Eccleston sin saber que había vendido su alma al diablo… y España entera a la fórmula uno.


Hamilton primero “el come-pistas” rey de la fórmula uno. Hamilton 007 con licencia para traicionar al bicampeón del mundo. Y ahora que venga la prensa inglesa a seguir dando patadas al mejor piloto del mundo (desde la retirada de Schumacher nadie puede rebatirle ese título l piloto español) y, de paso, a la aún celosa prensa alemana, que ha asumido peor que su piloto retirado, los dos campeonatos de Fernando Alonso.

martes, 12 de junio de 2007

Como moscas a la mierda.


Los publicistas acostumbran a jugar con el exhibicionismo y la gente es incapaz de percatarse de como son manipulados. Sepan que los objetivos principales de un anuncio son llamar la atención y hacer que la marca anunciante se grabe en el cerebro de la gente y si, esto último, se puede hacer de la forma más sutil posible, tanto mejor.Pero llamar la atención implica más cosas. Cuando atraes la mirada del mundo sobre algo, ese algo se convierte en objeto de deseo y en objeto de desprecio, pero no un desprecio de ignorancia, sino un desprecio activo, un desprecio que no dudará en actuar de forma dañina.Ese exhibicionismo también está patente en los escritores, que aunque lo nieguen, también son verdaderos publicistas. Todos hemos podido ver en televisión a Sánchez Dragó con su premeditado aburrimiento que cambia repentinamente cada vez que habla de una de sus obras, quién se ha olvidado de don Camilo José Cela y sus conversaciones sobre pedos y enemas o de Francisco Umbral, dispuesto a montar un Dios es Cristo porque había venido a “hablar de su libro”. No se engañen, ser escritor necesita de algo más que una técnica, imaginación e incluso, un padrino. Quien de verdad desee ser un gran escritor debe empezar a preparar su campaña publicitaria, pero debe ser mejor aún, en esta faceta, que escribiendo, porque en la actualidad hay tanta publicidad por todas partes que llamar la atención, sin crear enemistad, es muy difícil. Tal vez, por esto muchos acuden a aquello de “que hablen de mí aunque sea mal”. Pero se equivocan, si quieres ser el autor de algo que verdaderamente se venda y perdure, no puedes dejar que los malos sentimientos del publico sean tu carta de presentación. Por otra parte, las fórmulas para llamar la atención de forma negativa son tan agresivas y contundentes que tapan la publicidad, más benigna, de los demás, de este modo, cuando un lugar se satura de publicidad negativa, las obras de verdadero valor pasan desapercibidas. Esto, por desgracia, es lo que ha sucedido en Tus Relatos los dos últimos meses.Bien... ya habéis leído el título de este ensayo: “Como moscas a la mierda”. Con este título solo repudia se puede cosechar, pero como es una repudia activa has entrado a mirar esperando leer una obra rupturista y luego te has encontrado con esto. Primero has pensado que era moralista, si no has dejado de leer antes, habrás pensado que era aburrido, pero si has llegado hasta aquí es que eres de los que te ha picado la curiosidad... “¿Qué se le habrá ocurrido?”, has llegado a pensar...NADA DE NADA.Explicar lo que es evidente puede resultar un flojo equipaje par tan llamativas maletas, pero hacerte pensar sobre ello, al margen de este texto, podría ser un logro excelente para mí.No sé si te has enfadado conmigo por esto, en las valoraciones lo comprobaré, pero puedes estar seguro que, con tan bonito título, el número de lecturas subirá como la espuma... acudirán como moscas a la mierda.Antes de despedirme les pido disculpas si se han sentido ofendidos, pero no tenía una forma mejor de llamar su atención y evidenciar lo que eso significa.

lunes, 28 de mayo de 2007

11


Sí, 11. Ese es el título del libro que muy pronto podrá adquirirse en las librerías. 11 autores y 11 historias. 11 relatos sobre el ser humano, la vida, la muerte, la casualidad... desde las historias de fantasía y ciencia ficción al más puro triller psicológico.

11.

domingo, 29 de abril de 2007

El valle de los sueños.


Confusa está la noche en piruetas con las luces de la carretera y las nieblas del río. La luna juega al escondite con la bruma y el olvidado castillo se divierte en silencio, escuchando, tal vez, como el agua se escurre entre las redondeadas piedras y el tímido rumor de hojas que, como fricción de aves a la huida con sordina, llega desde la alameda.
No hay nada más. Ninguna otra cosa se escucha y sólo, muy de tarde en tarde, el sordo ronquido de un coche, se atreve a despertar la magia que nos envuelve.
No es verano y no es invierno. El tiempo no existe en el valle. La noche es bella y el día es hermoso. El frío no hiela y el calor se envuelve de vida. El aire, sin vicios ocultos, nos brinda una eterna primavera en los corazones y únicamente dos detalles nos recuerda que somos gentes de este mundo que se ha empeñado en apretar el gatillo dentro de su propia boca: el castillo que nos une a la alejada historia y la carretera, nuestro cordón umbilical que nos ata a la placenta de una madre muerta.
No sobemos cuánto tardará en sucumbir nuestro sueño. Ya nos han amenazado varios constructores con la invasión de sus sucios ladrillos. Sólo queremos vivir en paz, pero sólo es cuestión de tiempo, hasta que alguno de los nativos se deje seducir por el color del dinero. Un dinero que no servirá para pagar el sepelio de nuestro futuro ni el de nuestros hijos.
Al este, el filo de las montañas apunta un nuevo brillo. Y las montañas, ansiosas por mirar hacia aquí, una vez más, se prestan a abrir paso a esa nueva luz: amanece. Y hoy aún es hoy. Quiero respirar la humedad del bosque, el frío de las montañas. Quiero sentir el zumbido de los mosquitos, el trino de las golondrinas… y recordar el aullido de unos lobos que ya no están.
No quiero dormir mientras aquí quede una gota de vida. Quiero vivir este sueño despierto porque, tal vez si me duermo, al despertar descubra un paraíso muerto donde los rebecos ya no bajen a beber al río y no exista un águila que alimente a sus crías. Si me duermo ya no podré soñar nunca más.